Cruzeiro 1-2 U. Católica: la UC logra la épica y se lleva una victoria histórica en Belo Horizonte
En el corazón rugiente de Belo Horizonte, bajo las bóvedas del Mineirão, Universidad Católica escribió una página que se grita. Con sudor, astucia y una fe que rozó lo místico, la UC de Garnero ganó en Brasil. Quince años de sequía en ese país se evaporaron en una noche donde la épica se puso camiseta blanca y azul.
Enfrente estaba Cruzeiro, con el peso de sus millones y el favoritismo tatuado. Pero el fútbol decidió inclinarse ante el sacrificio. Ante el overol. Ante la inteligencia táctica de un equipo que supo sufrir con dignidad y golpear con precisión quirúrgica.
Daniel Garnero dibujó un 4-1-4-1. Jhojan Valencia como ancla, Zuqui y Cuevas como obreros, y por las bandas Montes y Giani, dos pulmones incansables condenados al sacrificio. Universidad Católica fue a Brasil a elegir el momento exacto para golpear. Y lo encontró.
En la primera mitad, mientras Cruzeiro intentaba imponer condiciones, se erigió la figura sobria y firme de Vicente Bernedo, que desactivó los intentos de Matheus Pereira. Cada atajada fue un ladrillo más en la muralla cruzada.
Pero esta historia pedía un giro. Llegó desde la pelota detenida. A los 28 minutos, Fernando Zampedri avisó con un cabezazo que chocó dos veces el poste. Fue el presagio. Porque en la siguiente, el destino ya no dudó: córner de Fernando Zuqui, salto imperial de Justo Giani y un frentazo demoledor que silenció al coloso brasileño. El Mineirão quedó mudo.
El complemento trajo tensión, fricción y polémica. La UC se replegó, cerró líneas, bajó las persianas y apostó a la resistencia. Pero el destino quiso equilibrar la balanza con un penal discutido a los 57’. Matheus Pereira no falló. Bernedo voló hacia un lado; la pelota eligió el otro. 1-1. Todo por empezar de nuevo.
Ahí, cuando las piernas pesaban y el aire escaseaba, cuando Cruzeiro empujaba con más inercia que claridad, Universidad Católica volvió a apelar al sacrificio. Garnero movió el banco. Entraron piernas frescas, se reforzó la retaguardia, y el equipo se preparó para resistir el asedio final. Hubo un poste salvador tras un cabezazo de Villarreal.
Hasta que apareció el héroe inesperado. Minuto final. Balón al área. Un instante suspendido en el tiempo. Y Jimmy Martínez, libre, casi invisible para la defensa brasileña, se elevó más que todos. Su cabezazo fue puro destino. Gol eterno.
Católica ganó una batalla contra el contexto y contra la historia reciente. Tiró por la borda las diferencias económicas, despreció los pronósticos y se abrazó a una victoria que huele a hazaña. Un Belo Horizonte para la UC.
